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Archivar como 23 diciembre 2012

2012-12 (22) Crackparr

Defendió y defenderá con gran profesionalidad el escudo de cualquier equipo del extrarradio nervionense, pero en su corazón solo habrá una forma de vivir la vida en dos colores innegociables, el Blanco y el Rojo. Grande Joaquín.

Imagen del partido entre verdolagas y mallorquines (1-2) en la tarde de ayer.

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2012-12 (07) Triunvirato

Dato para la reflexión: Muñiz Fernández ha expulsado en 22 partidos de Liga a 10 jugadores del Sevilla, 4 por doble amarilla y 6 por roja directa.

Era imaginable que nuestro Sevilla fuese mejor que el del lunes pasado en Nervión. El equipo de hoy ha querido parecerse al que queremos sobre el césped. Para formar un buen equipo, además de de ser ‘guapo’ se necesitan otros complementos como el de ser un buen futbolista. Después vendrá que éste sano, que sienta en sus adentros los colores del club para el que trabaja, que la suerte le sea favorable y por último que el partido lo juzgue un buen árbitro, un tío serio, correcto, imparcial, que sepa impartir justicia sin perjudicar a ninguno de los contendientes. Este último complemento es el mas delicado, porque si el árbitro no reúne las condiciones expresadas, comete errores o es injusto en su profesión, hace mucho daño no solo a los equipos, sino también a los futbolistas y al fútbol en general.

El partido que nos ocupa fue arbitrado por el inopinable y perjudicial Muñiz Fernández, conocido como ‘el gominas’. Como es costumbre en este individuo, hizo un mal y descarado arbitraje perjudicando gravemente al Sevilla FC expulsando a José Antonio Reyes injustamente, por un error del mismo colegiado, que detallaremos mas adelante junto con otras ‘lindezas’. No es la primera vez que este individuo ha dañado al Sevilla con deplorables arbitrajes.

Desde el inicio, el Sevilla se hizo con el control del encuentro, dominando el balón y llegando a las inmediaciones del área rival con peligro. Spahic tuvo la primera ocasión en un disparo cruzado que el portero del Espanyol desvió con apuros. Sin embargo sería el Espanyol en el m.13 los que se llevarían el gato al agua las primeras de cambio. Fernando Navarro en una impropia jugada, como lo fue el primer gol del Valladolid el partido anterior, arrolla al jugador Verdú en un salto por alto en la esquina del área grande que Muñiz no duda en señalar como penalti. La jugada, comentada por algunos como rigurosa, hace subir un 1-0 al marcador absolutamente impensable.

No debía tener muy tranquila su conciencia el engominado protagonista del encuentro, cuando once minutos después señalaba a favor de los andaluces un penalti irrisorio. Kondogbia se va al suelo en un córner sin que nadie le soplara y el tipo no duda en señalar el punto de penalti. De risas y carcajadas, aunque se agradece que devolviera las tablas al marcador, Rakitic esta vez no falló, y diese la oportunidad a los de Míchel de volver a poner las cosas en su sitio.

La pronta igualada devolvió la ilusión a los sevillistas, pareciendo que recuperaba un mando que jamás había perdido. Jesús Navas y Perotti, cada uno por su banda, cruzaban balones sin encontrar el rematador, una tónica que se hace repetitiva, unas veces por la deficiencia de las asistencias y otras por la falta de rematadores. El máximo esperpento de Muñiz y que a buen seguro le acarreará unas semanitas en el ‘congelador’, iba a llegar en el minuto 39. Reyes, que había visto tarjeta amarilla cinco minutos antes, se disponía a sacar una falta cometida sobre Babá en el borde del área. El esperpento del pito le da la venia para el lanzamiento y Reyes toma carrerilla pendiente de la ubicación del balón. Justo entonces Muñiz se desentiende del lanzamiento y se va a advertir no sé qué historia a Fazio y Spahic, mientras el de Utrera la pega contra la barrera. El juez escucha murmullos, se gira, ve que había sacado la falta y le endosa la segunda a Reyes. Ni en el ‘Club de la Comedia’ se ha contado un chiste mayor. Remontada hipotecada con un jugador menos, por los santos cojones del individuo del pito. Para más inri, se supo tras el partido que ‘el nota’ le había asegurado a los sevillistas que no había soplado su herramienta de trabajo, algo en lo que las imágenes de televisión le dejarían con el culete al aire. No creemos que a este personaje eso le importe mucho.

Un árbitro cabal, sensato, justo… hubiera ordenado repetir el lanzamiento y punto, pero no, el repudiado señorito por poder para impartir justicia aunque sea deportiva tenía una vez más que dar la nota. El único protagonista del empate a uno con el que los jugadores se fueron al vestuario, y por ende del resto del partido, había sido él solito.

La expulsión dejó al Sevilla tocado y al Espanyol con ganas de marcha. Si al partido le faltaban jugadas tontas para estar a tono con el saltimbanqui del silbato, esa llegaría en el minuto 61 de la reanudación. A Míchel se le ha metido en la cabeza que Palop es culpable de parte de los males que atesora el equipo y evidentemente una solución a ello sólo responde al nombre de Diego López. Al de Paradela no se le nota muy fino, ni siquiera cuando aún defendía los colores del Villarreal, pero Monchi y su dirección deportiva lo tuvieron muy claro cuando decidieron ficharle. En la jugada del 2-1 espanyolista su mal momento quedó más que demostrado. Es imposible estar peor ubicado en un saque de esquina en tu contra. El remate de cabeza de Simao fue torpe, para nada certero. Pero, ¿quién se fija en ello si el balón acaba en el interior de la portería? Un equipo que meramente quisiera permanecer en Primera, no se puede permitir este tipo de goles. Ningún hombre de la retaguardia que se precie por sus maneras defensivas puede consentir semejante error. El gol, que de alguna forma se veía venir por la inercia de este equipo, supuso una pesada losa en la moral sevillista, que hacía inimaginable una igualada en la media hora restante.

Sin embargo, los jugadores que Muñiz había dejado sobre el césped fueron conscientes de que poco más de una semana antes, habían logrado borrar del mismo escenario al mismo oponente. Al fin apareció el orgullo olvidado o tal vez el amor propio que hace florecer al coraje y evoca al cambio de actitud. El cambio de cartas de Míchel, dando entrada a Manu, Negredo y Rabello acabaría dando sus frutos aunque fuese en el último segundo del partido. Durante los treinta minutos posteriores al gol de Simao, los locales se habían dedicado a defender con racial esmero la escueta ventaja, a sabiendas del mal momento anotador de su oponente. Ni por asomo contaban con que su rival pudiera sacar de la chistera una jugada de triangulación que acabase en gol, tal vez de las pocas que se le hayan podido ver lejos del RS-P. Curiosamente en esa añorada jugada tendría especial protagonismo Coke, sustituto del rebelde Cicinho y que venía siendo vilipendiado por ese ancestral reducto de sevillistas que durante décadas se han ido haciendo fuertes en Nervión al son de sus silbidos. El criticado exvallecano dibujaba en el aire, con destino a la cabeza de Negredo, una de las mejores asistencias de la temporada y que acabaría por cerrar de forma inesperada en el minuto 92, las tablas en el marcador. Un gol que algunos sevillistas aseguran no haber celebrado por el desánimo en el que este equipo les tiene sumidos. Ellos allá.

Ni mucho menos fue el resultado que se esperaba, pero tal como transcurrió el partido y dadas las incidencias acaecidas, a mi particularmente me supo a gloria.

El Abonado 59

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2012-12 (03) Sevilla 1 Valladolid 2

Una vez más vuelan a otra parte tres puntos primordiales y se los lleva un equipo supuestamente de menor nivel económico y deportivo que el nuestro. Como esto se está convirtiendo en cosa habitual, no nos queda mas remedio que pensar que este no es el Sevilla que creíamos tener. Se nos dice todos los días que jugamos para estar la próxima temporada en competición europea, pero si miramos la clasificación, observamos que a equipos como Getafe, Valladolid, Levante, Real Sociedad y Rayo los tenemos por encima y eso sin contar con nuestros vecinos de la Palmera, que a pesar de haberlos vapuleados hace unos días, están siete puntos por encima de nosotros.

Es triste ver al Sevilla deambulando por el césped del Sánchez-Pizjuán acosado por un equipo inferior, sí inferior por qué no decirlo. Y no busquemos excusas aunque las haya, porque bien que presumimos de tener una buena plantilla, con capacidad para que no se noten las bajas, cuando por lesiones o sanciones existan. Eso es lo que nos dicen, pero no lo vemos a pesar de haberse jugado ya catorce jornadas.

Este encuentro dio comienzo a las 21:30, una noche desangelada y fría, con muchos huecos en las gradas. Solamente estaba llena la grada baja del Gol Norte, o sea, el lugar de los Biris que afortunadamente han vuelto a estar en su sitio.

Hace unos días, Reyes marcó un gol a los vecinos de La Palmera a los catorce segundos del comienzo del partido, ¡como para no acordarse! Hoy el Valladolid nos ha devuelto la moneda, aunque cincuenta y seis segundo después. El alemán Ebert, solo en la derecha y ante la escasa y pobre oposición de Fernando Navarro, puso el balón cómo y dónde quiso, imposible para un Diego López que volvía a la titularidad desde aquél fatídico encuentro en Granada. Un auténtico jarro de agua fría que iba a marcar el devenir del partido. Nuestro Sevilla lejos de reponerse, se convirtió en un manojo de nervios que lo fueron empequeñeciendo, dejándolo sin actitud ni calidad.

Cabía la posibilidad de que despertara de su sopor. ¿Por qué no íbamos a ser capaces de remontar lo que determinaba el marcador? Quedaba por delante todo el partido, aunque no se notara esa chispa de la que hicieron gala el último lunes de partido en Nervión ante el Mallorca de Caparrós. Muy al contrario, lo que estábamos viendo era que el Valladolid se crecía, que dominaba y creaba peligro y lo que se estaba viendo se convirtió en realidad en el minuto doce. En una de sus múltiples contras, el jugador Óscar, que se deambulaba por el área como si fuera suya, se aprovechó del disparo de un compañero para quedarse en soledad ante Diego y picarle el balón con total parsimonia. Cero-dos en el luminoso, demasiado peso como castigo a tan poquitas ganas de jugar al fútbol.

Michel, muy afectado por lo que estaba ocurriendo, quitó en el veintisiete a Cicinho y dio entrada a un Rabello que debutaba. El equipo empezó a mejorar, la verticalidad del chileno se notó en seguida y en una de sus eléctricas jugadas estuvo a punto de marcar al mandar con fuerza y colocación el balón a la cepa del palo. Con posterioridad, un remate de cabeza de Babá pudo haber sido gol de no mediar el desatino del que el africano viene haciendo gala. Esta nueva actitud sirvió para que los vallisoletanos bajaran un poco su intensidad y para que se igualaran un poco las fuerzas de ambos rivales, aunque el 0-2 no se desequilibrara antes del descanso. En otras circunstancias se podría pensar que había tiempo para arreglar aquel desaguisado, pero para eso, se necesita un cambio radical en el Sevilla actual.

En la segunda parte se atisbó un cambio esperanzador en los sevillistas, se corría más y con más ganas. En el minuto cincuenta y tras un contragolpe, se produjo un córner favorable al Sevilla que traería la esperanza a la grada. Pero como ha ocurrido en otras ocasiones en este Sevilla, el gol no vendría por méritos propios sino por deméritos del contrario. El africano Manucho, que ya marcase en su última visita a Nervión, iba a repetir la suerte del gol pero esta vez en su propia portería.  El tanto nos trajo esperanzas para la remontada, aunque estas se disiparían con el paso de unos minutos que parecían balas. La remontada nunca llegó.

El Valladolid renunció a su aventura de ganar a lo grande, se dedicó a defenderse a ultranza, a perder tiempo y a representar ese gran teatro que hacen todos los futbolistas cuando les interesa. En el minuto sesenta y tres, Medel fue presa de su propia frustración e hizo la clásica falta innecesaria que te cuesta una jornada de descanso. La justa amarilla fue su segunda y con ella su entrada al vestuario antes del pitido final. La inferioridad numérica llegó en un momento en el que todavía se podía hacer algo o todo por el resultado, aunque no nos imaginamos a este Sevilla logrando el empate a pesar de haber contado hasta el final con el chileno sobre el terreno de juego.

El Sevilla realizó un pésimo partido en el primer tiempo, algo que con la excepción del derbi, ha venido ocurriendo durante toda la temporada. La leve mejoría experimentada en el segundo no le sirvió para nada. ¿Alguna vez servirá?

El Abonado 59

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