Otro regalo increíble de la defensa sevillista, uno más, hipoteca un partido en el descuento de la primera parte para inmensa frustración de la totalidad de una Entidad, que ve como la trayectoria de su equipo en los últimos tiempos se viene deslizando por un tobogán de aceite sin nadie que le eche algo de serrín.
Si al lamentable gol que se encajó ante el Levante, eso no se lo meten ni al peor equipo del Mundo, le sumásemos el grotesco tanto encajado ante el Valencia en Copa, en el que tres defensas se quedan mirando cómo un balón se adentra en el área a escasa velocidad por delante de sus narices, hoy podríamos ponerle la guinda en Vallecas como colofón a la más sublime de todas las desconcentraciones. Tiempo cumplido, balón lejano colgado al área pequeña, sin oposición, solo jugadores sevillistas, balón que viene a las manos del portero, Fazio incomprensiblemente salta para despejar un balón que llega manso, Varas que le avisa de su soledad, el argentino se le echa encima, al de Pino Montano se le ponen las manos de trapo en el blocaje, el balón sale repelido con fuerza y dirección suficientes como para que le quede franca al tal Michu, que en sorprendente soledad, marca sin oposición. Final de la primera mitad. De risa.
La segunda parte se afronta con la caraja habitual de los últimos partidos, a pesar del ‘palo’ del descuento que habría hecho hervir la sangre a cualquiera. La desidia la aprovecha un Tamudo a quién su Espanyol puso con un hermoso lacito en las afueras del ‘Cornellá El Prat’, para quién lo quisiera recoger. A sus 34 tacos no hacía falta regatear con nadie para enrolarle en cualquier equipo. El protagonismo se lo dio hoy Julién Escudé, a quien se le viene olvidando la consistencia del fuera de juego. Recepción del esférico en soledad y balón al fondo de la red para desesperación sevillana. Ver para creer, ¡2-0!. Nada habían echo los locales para merecer tan sorprendente marcador, pero los de Nervión son así, enamorados de hacer magníficos regalos que sus oponentes saben recibir sin desprecio.
Ya no había por qué reservar a nadie para la Copa. Kanouté y Medel adelantaban su inclusión en el terreno de juego con el consiguiente desánimo de Luna y Fazio. Bien que se notó. Frédéric siempre sabe demostrar a sus compañeros las diferencias entre el fútbol y el rugby y su eficiencia se demostró en un marcador que reduciría Escudé tras repeler el portero un ‘disparo’ de Iván Rakitic. Quedaba media hora, no ya para empatar, sino para ganar un partido que se perdía de forma absolutamente irrisoria.
Fueron 30 minutos de ocasión tras ocasión, de aproximación tras aproximación, de dominio aplastante, de jugadas que al fin parecían medio trenzadas y lo mejor, con una disminución en el número de balones entregados al contrario, la gran rémora del Sevilla de los últimos y prolongados meses… ¿temporadas?. Del acoso fue más que protagonista un Álvaro Negredo que tuvo dos ocasiones inmejorables ante el poco habitual Dani Jiménez. En ambas demostró que su confianza se encuentra agarrotada de cara al marco rival. Ni quedándose solo ante el portero es capaz de ponerle el balón lejos de su alcance. Por otro lado, su oscura leyenda con los postes sigue aumentando su hueco sonido en la presente Liga. No está para mucho el vallecano que hoy volvía a casa. De forma totalmente increíble, el resultado no se movería más. Nueva derrota dolorosísima por los méritos contraídos por uno y otro. Si hablásemos en términos tenísticos, sería sin lugar a dudas una nueva derrota ‘no forzada’.
De nada sirve decir que uno de los linieres fue clave en la derrota sevillista, al anular con el 0-0 una jugada absolutamente legal que acabaría con un gran gol de un Fazio que no está ni para protestar. Tampoco cambiará el 2-1 final resaltar el mal criterio con las tarjetas del señor del silbato, que permitió a los locales realizar entradas que en otros estadios recibirían un color distinto en las cartulinas. Faltó poco para que Perotti tenga que volver a abandonar durante un tiempo prolongado los terrenos de juego. Y encima Reyes, el debutante, tuvo que salir del terreno de juego antes de lo previsto, por unas molestias en el bíceps femoral que habrán de ser tratadas con mimo de cara a la ‘final’ del miércoles. Como reza el dicho popular, “virgencita que me quede como estoy”… o mejor no, porque peor es difícil.
¿Alguien apuesta por eliminar al Valencia de la Copa y sin regalos dentro de tres días? Sí, ya sé, el fútbol es el fútbol, pero aquí los ‘regalos’ SIEMPRE los ofrece el mismo y sus rivales los aprovechan todos. Y van…
Con gran esfuerzo, nos callaremos el comentario soez.
Nota post post
Por cierto, me descubro ante el Sevilla Atlético de Ramón Tejada. ¡Qué huevos mas grandes para sobreponerse ante la adversidad! Ojalá que la autoridad que impone a sus incipientes jugadores, sepa algún día trasladarla a divisiones de mayor envergadura.






















Yo podría aceptar esos errores de patio de colegio como una mala racha, lo mismo que la falta de gol de Negredo. pero lo que me preocupa realmente es la imagen que damos y que a estas alturas no sepa nadie a que jugamos.
No recuerdo en los muchísimos años que llevo viendo al Sevilla, equipo que pierda tantos balones seguidos y que le dure tan poco la pelota. Da igual el jugador que la juegue, todos la sueltan rápidamente al contrario que tengan más cerca, ¡ increíble, no se entiende!. Naturalmente los contrarios se crecen y acaban pareciendo el Milán en sus mejores tiempos.
En fin, esperemos que esto cambie y tengamos esas reacciones a la que el Sevilla nos tiene acostumbrados, aunque para ser sincero, lo veo complicado.
Saludos.
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